Solía sentirme tan aislada de ese mundo de la muerte; nunca pensé que podría sucederme a mi, hasta que un día llego a mi puerta la venadita. Era tan solo una niña cuando tocó el timbre por primera vez y hoy es toda una mujer adulta, está a punto de graduarse, a punto de dar a luz, a punto de casarse, a punto de lograr todo lo que siempre quiso, a punto…
Se ve tan feliz y tan triste a la vez, no puedo evitar sentir lástima por ella cuando la miro. Tiene toda la vida por delante y no lo puede ver, no lo quiere ver.
El sol no me deja ver con claridad, pero siento que estamos llegando al final del camino; espero que con esto lo logremos, espero que ésta sea la forma de llegar a lo que buscamos, porque de otro modo estamos perdidos.
-“Me calaste hondo
y ahora me dueles
si todo lo que nace
perece del mismo modo
un momento se va
y no vuelve a pasar”
Canta Bunbury en la radio, mientras tarareo la canción, ella se baja del auto y camina entre el pato admirando la vista.
Por unos segundos la brisa se detiene y no podemos avanzar más; era aquí, estoy segura de que era aquí, tiene que estar por aquí en alguna parte así que nos disponemos a buscar…
El reloj da las 11:28am y suena un temblor de tierra, un temblor de cielo, un temblor de aire, un temblor de cuerpo…

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