martes 13 de septiembre de 2011

Hogar

El sol calienta mis hombros mientras camino por la ciudad. Los hombres de la esquina me miran al pasar. Cuento un chiste y mi hermana se ríe.

Hay tantas personas hoy en las calles de San José, que ya no se si estoy en la misma ciudad.

Abril se asoma por al esquina y me siento desprotegida. Mis pies se mueven al pulso de la música de mi corazón.

El viento me trae un olor familiar, un olor a lluvia y a calor; y mi pulso se acelera conforme me adentro en la ciudad, si es que a esto se le puede llamar ciudad.

Cada día me enamoro mas de lo que me rodea, cada día encuentro más maravillosos a los perros callejeros y a los mendigos en los caños, cada día me mueve más esta ciudad, este pueblo, este país.

Ahora, hago un llamado a las personas que van conmigo en el bus, a los niños que andan correteando por la calle, a la pareja de ancianos tomados de la mano en el parque, a todos los que quieran oír; a todos ellos les pido que se detengan a pensar, que miren a su alrededor para que vean que no todo está perdido, aún hay esperanza, aún hay vida en este pequeño lugar, en este pequeño corazón, en este pequeño país que llamamos nuestro.